Todos caben en este tren de viajeros: Los que leen, los que escriben, los que solo miran y se bajan en la próxima.
miércoles, 9 de marzo de 2011
ENCADENADAS/OS
No es metáfora. Y tampoco palabra amable para distraer la atención de los lectores.
Resulta extraordinario la cantidad de impedimentos que nos manipulan y nos atan sin concesiones a la escandalizante pasividad de la Justicia, y el silencio de tumba de la Iglesia.
Seguimos a vueltas con 'el extraño caso de un bebé dado en adopción'.
Aquí es donde la metáfora deja de ser simple tropo o figura para descubrir con nombres y apellidos a los protagonistas del desastre.
Una madre, joven, muy joven, de carne y hueso.
Un hermano, párroco, asesor, encubridor y falso.
Unas monjitas y un vecindario pacatos y fuera de juego, como siempre.
Un tocólogo, sin moral y pocos escrúpulos.
Un abogada descarada y sin alma.
Unos padres adoptivos, de falsa inocencia y falsa ceguera para ver la verdad.
["Ensayo sobre la ceguera". ..]
Es obvia la exposición de la trama de esta historia, por desgracia tan repetida con los mismos clichés, según se nos está dando a conocer en estos últimos meses.
El epílogo nos deja el caso visto para enjuiciar. Y a una pobre madre que ha luchado trece años encadenada a los desmanes de los tribunales, intentando recuperar a su bebé.
Pero no es ni tan obvio ni tan casual que unos representantes del alto poder civil y de la iglesia solo acierten a poner a salvo su propia reputación. La madre biológica, qué pena de palabra, y su honra y coraje poco han importado. Ni aun siquiera para desmitificar la frase manida de que "Madre no hay más que una".
No señor. Y de distinta especialidad.
Como suele suceder, la madre de nuestro caso ha elegido la vía tortuosa de los tribunales que alternativamente van enviándola de muro en muro, para que acabe rompiéndose la cabeza antes de conseguir recuperar a su hija. Padre-Madre-hijos. Dos eslabones entrelazados.
La única cadena a la que en rigor nos correspondería mantenernos firmemente atados.
Desafortunadamente no es ésta la estampa que nos dan a besar.
Importaría mucho que los mediáticos prensa y radio colaboraran a fondo en revelarla -la estampa- para verla bien detallada y de paso darle el beso que merece.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Realmente, la manipulación del poder con las vidas ajenas no tiene nombre. Lo que es seguro es que todas esas madres a las que les robaron sus bebés pertenecían a familias normales y corrientes, nada de nexos con el estado, la iglesia o cualquier organismo que entrañase un riesgo. Madres sin recursos, madres que amaban a sus hijos mucho más que las que los compraban.
ResponderEliminarBesos, Pilar, que denuncia más espléndida!!!